Cada día que le ves sientes un hormigueo en el estómago que no habías sentido por ninguna persona que conoces. Te alegra el día con solo dedicarte una mirada o una sonrisa. Cada vez que le ves tienes ganas de decirle lo que sientes, pero es ponerte delante suya y lo único que te sale es:
+ Hola
- Hola
+ Tengo que decirte una cosa
- Si, dime
+ Em... Pues...
- Dime, no tengas miedo
+ Nada, se me ha olvidado.
- Ah, vale. Bueno ya hablaremos. Hasta luego.
+ Adios...
Es en ese momento cuando te sientes avergonzada, que todo se te va a caer encima. Hasta que un buen día sientes el valor suficiente para decirle que le amas. Vas a hablar con él y ves que otra chica se te ha adelantado y le besa. No sabes como sentirte, impotente por no haber sido capaz de decírselo, triste por saber que has perdido a la única persona a la que has amado en tu vida. Los ves todos los días lo felices que son y tu te imaginas que habría pasado si le hubieras dicho lo que sentías. Pasa el tiempo y os hacéis muy amigos, y un día le echas valor y le dices que le amas, que lo haces desde la primera vez que le viste. Él se acerca, te mira a los ojos y te dice que lleva toda su vida esperando oírte decir eso. Entonces es cuando os besáis como nunca antes habías besado a nadie.

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